Hace algunos días, viendo películas de YouTube, encontré una que me pareció sumamente interesante: Viento Negro. A primera vista, esta es la historia de un hombre conquistando el desierto a través de la locomotora. El propósito de esto era unir Baja California con el resto del país para evitar que Estados Unidos se anexionara a la península.
El protagonista de esta historia es Manuel, el prototipo del hombre de su época, lleno de conflictos y contradicciones. Al exterior se proyectaba como alguien fuerte y poderoso, un hombre que no le temía a nada y que no dudaba en utilizar los puños para imponerse o resolver cualquier conflicto. Pero en su interior, su vida era algo más que complicada. Tenía un pasado doloroso, una familia destrozada y la necesidad de demostrarse a sí mismo que podía con todo.
Manuel era un hombre rudo y no toleraba faltas a su honor. Es por eso que cuando lo llaman de manera despectiva "Mayor", él imponía respeto lanzándose a los golpes. Algo que se comprueba en la película muchas veces. Por ejemplo, cuando lo designan para la tarea de realizar el ferrocarril o en el momento en que alguien se le acerca para pedirle trabajo usando ese sobrenombre. Él se mostraba como se supone que los hombres deberían de ser en esa época, principalmente en el entorno hostil de su trabajo. Si se mostraba débil, perdería el respeto de sus trabajadores y de todos a su alrededor, algo que era impensable en un entorno tan crudo.
Pero esta película nos muestra algo más. Y es que este hombre no era tan rudo como se proyectaba. En su interior había un hombre demasiado conflictuado y destrozado. Provenía de un entorno roto. Su familia había fracasado y su esposa solamente estaba esperando el tiempo prudente para exigirle el divorcio. La relación con sus amigos era cercana pero prudente. Pocos se atrevían a hacerle bromas pesadas o a llamarlo "Mayor". Todos excepto uno: su mejor amigo. Pero eso lo vamos a ver más adelante.
La verdadera tragedia de Manuel es que no pudo moldear a su hijo a su imagen y semejanza. El muchacho había sido sobreprotegido por su madre y ella le había impedido a Manuel acercarse o criarlo de la manera que él quería. Esto hizo que el niño creciera con una personalidad y un carácter que, según los estándares de la época, eran los de un hombre débil o un poco delicado. Esto le conflictuaba y le molestaba profundamente, por lo que se mantenía distante. En realidad, él amaba mucho a su hijo.
Y es que los estándares de masculinidad y paternidad eran muy diferentes en ese entonces. En la actualidad, los que ya tenemos cierta edad vemos que las demostraciones de afecto no eran muy frecuentes en nuestros padres. Ellos nos imponían la disciplina y el respeto antes que el amor o las palabras de cariño. Y esto no era culpa de ellos; habían sido criados así por sus propios padres y por los padres de estos. Era un estilo de crianza que se mantenía a través del tiempo para hacer a los hombres fuertes, capaces de soportar todas las adversidades de la vida para convertirse en proveedores y defensores de la familia.
Manuel, sin embargo, al estar alejado de su familia, no pudo criar a su hijo como le hubiera gustado. Su hijo estaba muy apegado a su madre, lo que para Manuel equivalía a criar a un hijo débil, produciendo constantes fricciones. Aunque Manuel deseaba la cercanía con él, no sabía cómo demostrarlo y es por eso que vemos distintos roces entre ellos a lo largo de toda la película.
Hay un momento que define perfectamente este abismo generacional. Jorge, el hijo, llega al campamento no como un visitante, sino con la genuina intención de trabajar codo a codo con su padre. Se acerca a Manuel, quizá buscando una mirada de aprobación o un espacio para demostrar que él también puede aportar algo a la obra del ferrocarril. Pero la respuesta de Manuel es de rechazo. En lugar de recibirlo con los brazos abiertos o con orgullo, ya que su hijo ha seguido su misma profesión, este le lanza una frase que cae como una sentencia: "Los ferrocarriles los hacen los hombres. ¿Usted ya lo es?".
En esta frase, Manuel resume toda su filosofía de vida. Para él, Jorge no es un hombre porque no tiene las manos llenas de callos como él, porque no se ha quemado con el sol y, a sus ojos, ha sido ablandado por el cuidado materno. Al decirle esto, Manuel no solo está rechazando la ayuda de su hijo; lo está invalidando por completo. Es la tragedia del hombre que confunde la rudeza con la valía. Para Manuel, ser un hombre es una construcción de fuerza bruta y resistencia al dolor. Para Jorge, en cambio, ser hombre es una cuestión de intelecto y progreso.
Lo que Manuel no puede ver en ese momento, cegado por su propio código moral, es que su hijo le está demostrando valentía de una forma distinta. Él llega a enfrentarse al desierto y a un padre formidable que, sin embargo, admira, solo para intentar ganar su respeto. Esta negativa de Manuel es el primer "viento negro", el que comienza a soplar y enterrar su relación mucho antes de que llegue la verdadera tormenta.
Por cierto, la película se llama Viento Negro por un fenómeno real que sucede en ese desierto. Cuando se manifiesta una tormenta, además de arena, el viento arrastra ceniza, lo que la vuelve sumamente dañina y peligrosa para quienes trabajan en ese páramo. Una de esas tormentas se desata una noche durante el tendido de las vías. En medio del caos, Manuel insta a sus trabajadores a poner todo a salvo para no quedar enterrados bajo la arena. Sin embargo, uno de ellos se niega, desatando una breve pelea de la cual Manuel sale ganador.
Es en ese instante de alta tensión cuando ocurre el segundo desencuentro importante con su hijo. Jorge llega a contradecirlo y Manuel, incapaz de procesar el desafío de su autoridad, lo golpea, invalidando por completo su opinión como profesional. Su mejor amigo le hace ver este error y lo insta a acercarse a Jorge. Pero Manuel, con sus costumbres tan arraigadas, no cede en ese momento. Tienen que pasar varios sucesos trágicos para que reflexione sobre lo que verdaderamente siente hacia su descendencia.
Y es que aunque Jorge haya sido criado por su madre y no sea exactamente como él esperaba, Manuel aún le tiene un profundo afecto. El problema es que es incapaz de encontrar una manera de acercarse y demostrárselo. Manuel está atado a las reglas que ha seguido durante toda su vida y, aunque aún no lo sabe, quizá esta sea la última oportunidad que tiene para recuperar a su hijo.
Hay una tarea que los topógrafos deben realizar para continuar con el tendido de las vías. Sin embargo, es sumamente peligrosa, ya que requiere ir a un punto muy alejado del campamento, en el corazón del desierto. Es interesante notar que, a pesar de la precariedad de las herramientas de la época, estos hombres estaban dispuestos a cumplir el objetivo impulsados únicamente por su orgullo profesional. Y a pesar del peligro, Jorge se ofrece como voluntario para realizarla.
Manuel, después de tener una charla con su amigo, quien le hace ver que tratar así a Jorge solo provocará que se aleje para siempre, decide intentar acercarse y romper esa brecha afectiva que la costumbre y el orgullo habían creado. A pesar de su instinto de protección, permite que su hijo vaya a la complicada misión. Una decisión que, irónicamente, daría inicio a la Después de despedirse y tener un primer acercamiento real, Jorge y su equipo llegan a un punto de medición, pero el calor y las condiciones extremas del desierto hacen estragos en su vehículo, el cual termina por explotar, dejándolos varados en medio de la nada ante un sol sofocante y millas de arena sin fin. Los hombres de la expedición intentan recorrer el largo trecho de regreso, pero la furia del desierto termina por derrotarlos y uno a uno perecen en el camino.
Manuel, al enterarse de la desaparición, emprende una partida de búsqueda con la desesperada intención de salvarlos, pero no fue suficiente. Después de varios días, finalmente encuentra el cadáver de su hijo. Ahí Manuel se derrumba, lamentando su pérdida y la falta de acercamiento. Es un golpe de realidad brutal. La vida no siempre ofrece segundas oportunidades y, cuando tuvo a Jorge cerca, Manuel la desaprovechó por seguir un código de conducta inflexible.
Sin embargo, Jorge no murió en vano. Él conservó hasta el último aliento sus anotaciones topográficas, información imprescindible para continuar con la construcción de las líneas del ferrocarril. La obra finalmente pudo completarse, pero a un costo humano elevado. La tragedia de Manuel comenzó el día que nació Jorge, cuando le arrebataron la oportunidad de ejercer como padre, y cuando por fin pudieron estar juntos, no supo cómo serlo.
Si Manuel hubiera dejado de lado sus conflictos y sus costumbres, ¿crees que esta tragedia se habría podido evitar o las cosas estaban destinadas a suceder de esta manera? Quiero saber tu opinión en los comentarios. Si llegaste hasta aquí, quiero darte las gracias por haber visto el video. Me apoyarías demasiado si le das like, te suscribes al canal y activas la campanita para que YouTube te avise del nuevo contenido. Hablo muy a menudo sobre cine mexicano y sus personajes.
Viento Negro es una película de 1964 que adapta una novela inspirada en un suceso real: la tragedia de unos ingenieros que perecieron en el desierto durante la construcción del ferrocarril entre Sonora y Baja California. Me llama la atención porque ocupa un lugar en la lista de las 10 mejores películas del cine mexicano (lista que, por cierto, puedes consultar en el canal) y porque tiene detalles curiosos que la hacen sumamente interesante.
El primero es el concepto de la paternidad y masculinidad de aquel entonces. Al día de hoy, ciertos rasgos prevalecen, pero el concepto se ha flexibilizado. Ahora los hombres ya no tienen tanto miedo de demostrar el cariño que le tienen a sus hijos. Y esto es positivo porque denota más trabajo emocional y menos represión. Aunque es cierto que las personas mayores suelen percibir a las nuevas generaciones como débiles, esto no es necesariamente algo malo; simplemente es el cambio de visión y de costumbres de nuestra época.
Algo que me voló la cabeza es que ninguna mujer en esta película muestra su rostro. De manera deliberada, aparecen en escena ya sea como recuerdos o como las mujeres que visitan el campamento, pero en ningún momento podemos mirarlas directamente. Solo vemos sus espaldas o sus siluetas. Es algo sumamente curioso que nos dejará pensando en el significado. A pesar de ser figuras claves para la trama, como la esposa de Manuel, sus rostros permanecen velados.
Otra cosa relevante es la presencia del Bacanora. En la película aparece abiertamente esta bebida originaria de la región, a pesar de que en ese entonces estaba prohibida por el gobierno. El expresidente Plutarco Elías Calles ordenó su veda en 1915, aunque se mantuvo vigente décadas después y no fue hasta los años 90 cuando se levantó la prohibición legal.
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